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"No podemos evitar que en mala hora nos agarraran allí Del Universal

No podemos evitar que en mala hora nos agarraran allí"

Ambas madres se vieron privadas de ver a sus hijos (Joel Aranguren)
Los padres tuvieron que ejercer roles de mamá durante más de tres días

San Antonio.- Anairis López y Doriana Medina acusan miedo a volver a toparse con un policía, a pesar de que lucen mucho más serenas que cuando volvieron a abrazar a sus esposos, tras ser liberadas luego de más de sesenta horas de haber estado detenidas en la sede de la Policía de Miranda, en Los Teques.

Estas hermanas por rama materna también son madres de dos pequeños de apenas dos años, uno de los cuales todavía está en período de lactancia. Este martes 29 de mayo habían salido al centro comercial Don Blas a comprar unos pañales, entre otros objetos de uso personal para ellas y sus hijos. Al escuchar los disparos intentaron devolverse, pero no alcanzaron a escapar de la revuelta que las puso a enfilarse para abordar una patrulla, con las manos en la nuca y sus derechos vulnerados por la fuerza policial.

"Ni siquiera llevamos cartera. Apenas se nos ocurrió portar nuestras cédulas y el dinero para las compras, por eso no entiendo cómo es que los policías nos acusaban de haber lanzado piedras y tener bombas ocultas, cuando las manos nos quedaron sucias del hollín que baña las patrullas y de las tantas veces que tuvimos que estampar nuestras huellas en las reseñas de identidad", relató Doriana.

Al igual que todos los que terminaron recluidos en el auditorio del Instituto Autónomo de Miranda en Los Teques, Anairis López y Doriana Medina aseguran que los funcionarios colaboraron. Sin embargo, denunciaron que las comidas les llegaban frías, abiertas e incompletas.

"Tengo el estómago descompuesto de las tantas horas que tuve que esperar para poder comer algo y porque además tuve que alimentarme con muchas frituras, luego de mantener una dieta estricta para poder lactar a mi bebé", aseguró la joven madre.

Por su parte, Anairis acusa haber estado alterada, presa de la tensión y traumatizada, pues en medio de la refriega recibió la amenaza de un golpe directo a su rostro, al tratar de defender a otra muchacha a quien empujaron y vejaron por no haberse colocado las manos en la nuca. "El abuso cometido durante el momento de las detenciones no puede tener ninguna justificación", indicó.

Estas madres se vieron privadas de estar cerca de sus hijos durante más de tres días. Aunque sus familiares trataron de evitar que los pequeños sufrieran esta ausencia, constantemente les preguntan por qué estuvieron fuera de casa.

Jesús Márquez, esposo de Doriana, tuvo que ejercer los dos roles durante los días de detención de la madre, y también tuvo que ingeniárselas para cumplir con el trabajo y mantenerse en la sede del Iapem en Los Teques alerta ante cualquier desenlace.

"Fueron muchas horas de incertidumbre y de angustia por no saber qué nos iba a pasar. Nunca llegamos a hablar con los bebés, pero supimos que estaban inquietos reclamando nuestra presencia. Estamos presas de la impotencia porque esto nos cambia la vida por completo. Es cierto que no hicimos nada y que continuaremos luchando por demostrar que fuimos injustamente detenidas, pero no podemos evitar que en mala hora nos agarraron allí", repitieron las hermanas detenidas.

Ambas tendrán que presentarse durante seis meses ante el Tribunal Segundo de Control y buscar las pruebas posibles para tratar de borrar este episodio de sus vidas. "Nos sentimos amenazadas, porque en cualquier momento que nos pidan los datos estaremos fichadas, como si hubiésemos cometido un crimen". ag


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