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Hace pocos días vimos reseñado en medios de prensa nacionales y algunos internacionales, otro costoso viajecito a Cuba del teniente coronel Chávez, quien ejerciendo a su antojo la Presidencia de la República nos muestra que para nada le preocupa lo que podamos opinar de esa fijación patológica con la isla caribeña y con el hombre que se hizo con el poder aquel 1° de enero de 1959, para no soltarlo sino hasta "que la muerte lo separe".
El encantamiento le lleva a no contener la viajadera, la regaladera, la entrega de nuestra soberanía e independencia a unos extranjeros que él ve como "hermanazos" pero el resto (mayoría de venezolanos incluidos), simplemente los percibe como gorrones e invasores, algo que convierte en cómico al teniente coronel, incansable en la utilización del cuento de que con él se recuperaron soberanía e independencia...
Llegó el 13 de este mes a La Habana -la sexta vez en menos de un año- y allá, sin conciencia del ri- dículo, irrespetando al país entero, volvió a mostrar la peculiar sumisión a su moribundo comandante. Incontinente gritaba ¡Fidel se ha recuperado! Le dedicó horas y horas, y las restantes las utilizó para seguir regalándole nuestro patrimonio a los que insaciables lo quieren todo.
Recorriendo nuestra historia republicana y deteniéndonos en cada uno de los presidentes que han gobernado Venezuela, en más de doscientos años no encontraremos a ninguno que a nivel planetario haya regalado nuestro patrimonio a cambio de loas y aplausos. Ninguno que sin pudor haya mostrado tanta sumisión y tanto encantamiento por un extranjero, ninguno que muestre como una proeza permitir y mantener una invasión real y además, viva anunciando su lucha contra intrusiones imaginarias.
El columnista Rafael A. Pinto Prada, refería hace unos días lo que Pedro León Zapata aseveró al caricaturizar a los hombres del poder: "Venezuela ha sufrido cada presidente. Existen dudas de que Julián Castro haya sido el peor"... ¡Ciertamente!
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