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Se nos volviò loco el encargado

SE NOS VOLVIÓ LOCO EL ENCARGADO
      En la mayoría de las fincas ganaderas los dueños contratan  una persona para que se las atienda. Esa persona dirige a los obreros, lleva los controles, revisa el rebaño y otras tareas para asegurar que la producción sea buena y la finca mejore. Normalmente se le llama  “el encargado”.
Aunque con otras dimensiones, los venezolanos somos los dueños de esta fincota que se llama Venezuela. Allí tenemos no solo ganado, también hay siembras, explotación de petróleo, carbón y hierro. Hay ciudades, ríos, montañas, puertos, aeropuertos,  carreteras y muchísimas otras cosas.
 Los venezolanos, como  propietarios, de igual forma nombramos un encargado, pero  ya que es un trabajo muy importante, le hemos puesto, al cargo, el bonito nombre de presidente. El que ahora tenemos y que al principio se veía bien, se ha vuelto malazo. No solo se ha peleado con buena parte de los propietarios, sino que además regala nuestra leche y los novillos a las fincas de sus amigotes y, en la cúspide de su locura, hasta está inventando como apropiarse de la finca.
Ciertamente un País está muy lejos de poder ser manejado como una finca, pero las cosas esenciales son las mismas. El encargado o el presidente son elegidos para que administren bien nuestra propiedad y deben realizar su trabajo con honestidad, alegría y paz. Las cuentas deben ser claras y que las podamos ver todos los propietarios. Si quiere hacer una inversión importante, ya sea comprar una picadora de pasto o unos submarinos, le debe preguntar primero al dueño.
Tanto el encargado de finca como el presidente son responsables de que las cosas mejoren. Si la producción de leche baja, se enmontan los potreros y las pariciones se distancian, el encargado debe reemplazarse.
Si las deudas del País aumentan, si la inflación crece, si crece la delincuencia, si hay corrupción y manejo oscuro del dinero de los propietarios, si se jura solucionar el problema de los niños de la calle y no se hace, si la mayor parte del tiempo la dedica a crear míticos ejes  estratégicos, si le da patadas al fondillo de todo lo que huela a inversionista extranjero, si ya ni siquiera puede mantener la calma frente a una pregunta de un periodista sobre porque su reelección si puede ser eterna y la de los gobernadores y alcaldes no, si es capaz de hacernos perder tiempo  hablando de huertos organopónicos, gallineros verticales, rutas de las empanadas y otra inmensa cantidad de sandeces, pues también, por malo y por pirata, es hora de reemplazar al presidente.
Ya no hay un rincón del País donde no esté vibrando el disgusto hacia este mal encargado. Ni las seis horas dominicales de explicaciones y nuevas promesas convencen. No hay un solo habitante que no sepa que lo único que quiere Chávez  es quitarnos la finca, ser presidente eterno y acabar con un orden democrático que nos tomó siglos construir para reemplazarlo por el más apolillado, sanguinario y vulgar sistema de control social como lo es el comunismo.
Crece a ritmo gigante un movimiento de rechazo y repudio  contra el peor encargado de toda nuestra historia.
Prepárate Chávez y, por si acaso, ten lista tu maleta (con ropa) y el avión full. Aquél otro ya marcó el camino y, para que no se nos olvidaran los potreros, se fué en una  “vaca sagrada”.
                                                  Eugenio Montoro
                                                montoroe@yahoo.es

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