Prioridades erradas
El 31 de agosto de 1858, José Tadeo Monagas es expulsado del país. Luego, la Convención de Valencia lo declaró traidor a la patria y le privó de títulos y condecoraciones.
Más allá de lo que eso representó, conviene hacer un recuento de los rasgos más característicos de su administración y observar que si bien llegó a la Presidencia apoyado por lo más emblemático de la clase política, en medio de una gran abstención, y que sus primeras acciones evidenciaban cabal cumplimiento a las leyes, al poco tiempo dio muestras de un exagerado personalismo y de un ávido interés por controlar todo.
Poco a poco, el centralismo y la corrupción se vuelven cotidianos. El control absoluto se concreta cuando el 24 de enero de 1848, unas turbas aupadas desde el Ejecutivo toman el Congreso, muriendo diversos representantes. Muy bien asesorado, Monagas mantiene al Congreso como un símbolo de legalidad, aunque la mayoría de legisladores están a su servicio.
Desde ese día, Monagas dispone de poderes especiales cuando lo estima conveniente y los presos políticos y el crimen aumentan.
Monagas retomó su influencia, luego de que su hermano gobernó durante un período para dar apariencia de alternabilidad. En el país hay carencias y problemas con otras naciones. Pese a esto, la atención del Gobierno estuvo en reformar a fondo la Constitución, pese a hablar de reformas parciales. En este nuevo proyecto se manejaba el reordenamiento territorial, se incrementaba el centralismo y el Presidente no tendría prohibida la reelección.
Ante la grave crisis en que se encontraba el país, Monagas renunció. Qué poco análisis demuestran algunos políticos que prefieren ver incrementado su poder, antes de satisfacer las necesidades de su pueblo.
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