No tenemos leche
Romer A. Romero Martínez // "No tenemos leche"
Hay que aceptar un hecho verificable a lo largo de la historia: los venezolanos jamás hemos tenido leche. Todo comenzó un 12 de octubre de 1492, cuando fuimos descubiertos por un marinero italiano que debía hasta su camisa a unos reyes españoles; en otras palabras, por un arruinado, que hasta equivocó la brújula y ni siquiera le llegó cerquita a la India. La falta de leche de entonces obedeció a que no fuimos descubiertos por algún rico ganadero de Nueva Zelanda, que hubiese traído sus vacas.
Después, tuvimos casi un siglo de guerras internas, dentro del territorio mismo, cuando lo más sano y lógico era ir a otra parte a echar vainas y tiros. No tuvimos leche, porque las vacas se las comían los combatientes. Así las cosas: ¿cuándo íbamos a prosperar y tener la leche necesaria que nos permitiese captar y aprender la ciencia que da los conocimientos para los inventos? ¡Jamás! Por eso, no tuvimos luz eléctrica, teléfono, carros o trenes sino hasta que los centros tecnológicos productivos desecharon sus primeras generaciones (ya vueltas cachivaches) y nos las vendieron como si fueran el último grito de la moda.
Aunado a esto, no aprendimos la cultura de la democracia de las naciones civilizadas, cuando ésta ya llevaba décadas resplandeciendo. Nos tuvimos que calar a multitud de dictadores, tiranillos y matones; y sin leche, porque en lugar de criar vacas prefirieron crear el juego predilecto del revocado y perdidoso: la corrupción. A los ojos de éste, la corrupción no es más que un proceso de enseñanza-aprendizaje a través del cual el funcionario hace entender al administrado que el salario que percibe sólo lo obliga a hacer un mínimo de esfuerzo; cualquier esfuerzo adicional debe ser pechado y admitido como justo y necesario. Pongamos un ejemplo para entendernos mejor: un funcionario recibe solicitudes de crédito en su escritorio, bien sentadito; hasta allí llega el salario que le paga el desgobierno. Si alguien pretende que lleve la planilla a la oficina contigua (o sea, que se tenga que levantar y caminar unos metros de ida y otros de vuelta), eso no lo contempla su salario y, en consecuencia, el funcionario al que han hecho caminar está en su derecho de requerir un porcentaje del crédito. ¿Se dan cuenta? No es corrupción esa corrupción. Es un bono adicional por el trabajo extra. Ha sido tal la falta de leche del venezolano, que la megacorrupción rojita hoy día goza de más estima y aceptación, que las vacas que pudieran darnos el tan escaso líquido blanquito.
Finalmente, gozamos de unos años de democracia; chucuta, incompleta, criticable, pero al fin y al cabo, democracia. La leche se acabó a los 40 años: los invasores de fincas se comieron las vacas. Algo imperdonable fue creer en golpistas y propiciadores de golpistas; colaboracionistas, en otras palabras. De repente, me viene uno a la memoria, del que decían que se ponía gomina en el cabello y que hasta llegó a ser presidente por segunda vez. Alrededor de éste se movieron muchas chiripas, que se mimetizaron en la coordinadora democrática y ahora pretenden traer nuevos tiempos.
Por ello, no acepto que me quieran convencer de que es desde hace 9 años que no tenemos leche; además de azúcar, caraotas, arroz, huevos (éstos son muy añorados), aire respirable, democracia. La verdad verdadera es que no hemos tenido leche desde hace más de 500 años. Claro, ahora tenemos peor leche, porque lo que abunda es puro becerro.
Abogado
Hay que aceptar un hecho verificable a lo largo de la historia: los venezolanos jamás hemos tenido leche. Todo comenzó un 12 de octubre de 1492, cuando fuimos descubiertos por un marinero italiano que debía hasta su camisa a unos reyes españoles; en otras palabras, por un arruinado, que hasta equivocó la brújula y ni siquiera le llegó cerquita a la India. La falta de leche de entonces obedeció a que no fuimos descubiertos por algún rico ganadero de Nueva Zelanda, que hubiese traído sus vacas.
Después, tuvimos casi un siglo de guerras internas, dentro del territorio mismo, cuando lo más sano y lógico era ir a otra parte a echar vainas y tiros. No tuvimos leche, porque las vacas se las comían los combatientes. Así las cosas: ¿cuándo íbamos a prosperar y tener la leche necesaria que nos permitiese captar y aprender la ciencia que da los conocimientos para los inventos? ¡Jamás! Por eso, no tuvimos luz eléctrica, teléfono, carros o trenes sino hasta que los centros tecnológicos productivos desecharon sus primeras generaciones (ya vueltas cachivaches) y nos las vendieron como si fueran el último grito de la moda.
Aunado a esto, no aprendimos la cultura de la democracia de las naciones civilizadas, cuando ésta ya llevaba décadas resplandeciendo. Nos tuvimos que calar a multitud de dictadores, tiranillos y matones; y sin leche, porque en lugar de criar vacas prefirieron crear el juego predilecto del revocado y perdidoso: la corrupción. A los ojos de éste, la corrupción no es más que un proceso de enseñanza-aprendizaje a través del cual el funcionario hace entender al administrado que el salario que percibe sólo lo obliga a hacer un mínimo de esfuerzo; cualquier esfuerzo adicional debe ser pechado y admitido como justo y necesario. Pongamos un ejemplo para entendernos mejor: un funcionario recibe solicitudes de crédito en su escritorio, bien sentadito; hasta allí llega el salario que le paga el desgobierno. Si alguien pretende que lleve la planilla a la oficina contigua (o sea, que se tenga que levantar y caminar unos metros de ida y otros de vuelta), eso no lo contempla su salario y, en consecuencia, el funcionario al que han hecho caminar está en su derecho de requerir un porcentaje del crédito. ¿Se dan cuenta? No es corrupción esa corrupción. Es un bono adicional por el trabajo extra. Ha sido tal la falta de leche del venezolano, que la megacorrupción rojita hoy día goza de más estima y aceptación, que las vacas que pudieran darnos el tan escaso líquido blanquito.
Finalmente, gozamos de unos años de democracia; chucuta, incompleta, criticable, pero al fin y al cabo, democracia. La leche se acabó a los 40 años: los invasores de fincas se comieron las vacas. Algo imperdonable fue creer en golpistas y propiciadores de golpistas; colaboracionistas, en otras palabras. De repente, me viene uno a la memoria, del que decían que se ponía gomina en el cabello y que hasta llegó a ser presidente por segunda vez. Alrededor de éste se movieron muchas chiripas, que se mimetizaron en la coordinadora democrática y ahora pretenden traer nuevos tiempos.
Por ello, no acepto que me quieran convencer de que es desde hace 9 años que no tenemos leche; además de azúcar, caraotas, arroz, huevos (éstos son muy añorados), aire respirable, democracia. La verdad verdadera es que no hemos tenido leche desde hace más de 500 años. Claro, ahora tenemos peor leche, porque lo que abunda es puro becerro.
Abogado
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